¿Qué significa ser calculador?
Ser calculador implica actuar de manera fría, estratégica y premeditada, con el objetivo de obtener un beneficio personal o evitar un perjuicio, priorizando la lógica sobre la emoción.
¿Qué significa tener una “agenda”?
Tener una «agenda» (en sentido figurado) significa tener una serie de intenciones, planes u objetivos propios que no siempre se expresan abiertamente y que a menudo buscan el propio interés.
Ambas pueden deriva en ser ser ventajista, incluso a costa de los demás.
Cuando una persona con Altas Capacidades actúa de forma precisa, parece anticiparse a los acontecimientos o responde con una frialdad analítica, es fácil que surja la sospecha: ¿está actuando con una “agenda”? ¿Son las personas superdotadas naturalmente calculadoras, frías o manipuladoras?
La respuesta corta es no, pero como todo lo relacionado con la mente humana, merece una respuesta más matizada.
Y sí, podemos ser así, somos humanos, pero no diría que tiene mucho sentido. Está relacionado con el sentido de la justicia algo exacerbado.
¿De dónde viene este estereotipo?
La imagen del “genio frío y manipulador” no es nueva. El cine, la literatura y algunos entornos educativos han contribuido a crear el estereotipo del superdotado como alguien que siempre va dos pasos por delante, no solo en lo intelectual, sino también en lo social: alguien que mueve hilos, que observa sin involucrarse emocionalmente, y que todo lo calcula. Pero este estereotipo simplifica en exceso y distorsiona la realidad.
¿Qué es lo que sí ocurre?
Muchas personas con Altas Capacidades desarrollan, desde edades tempranas, habilidades que podrían confundirse con “tener una agenda”:
1. Alta capacidad para prever consecuencias
No es que lo planeen todo, es que su mente trabaja más rápido y en más niveles. Mientras otros están aún procesando el presente, ellos ya están evaluando opciones futuras, imaginando escenarios alternativos, y detectando incoherencias. Esta anticipación puede parecer estrategia fría, pero muchas veces es simplemente su manera natural de funcionar.
2. Lectura social aguda
Aunque no siempre se da, muchas personas con AACC desarrollan una gran capacidad para leer el lenguaje no verbal, las emociones ajenas y las dinámicas sociales. Esto puede hacer que parezca que manipulan, cuando en realidad solo están respondiendo con más información de la que otros perciben.
3. Pensamiento estructurado
Pueden tener ideas a largo plazo, proyectos mentales, o simplemente la necesidad de que las cosas tengan sentido. Esto les da una coherencia interna que puede confundirse con una “agenda”, cuando en realidad es un intento de mantener orden en un mundo que a menudo les resulta caótico.
¿Y qué hay de la frialdad o el cálculo?
Aquí es importante no confundir:
- Capacidad lógica con desconexión emocional.
- Pensamiento estratégico con intención manipuladora.
- Claridad mental con falta de empatía.
De hecho, muchas personas con Altas Capacidades son profundamente emocionales. Algunas son Personas Altamente Sensibles (PAS), y viven sus emociones con una intensidad mayor que la media. Lo que pasa es que aprenden a esconderlo, racionalizarlo o expresarlo de maneras que no siempre se notan.
¿Y entonces, tienen una «agenda oculta»?
La gran mayoría, no. Pero a veces sí parecen tener una especie de brújula interna muy clara. No porque quieran manipular a nadie, sino porque buscan coherencia, dirección y sentido en lo que hacen.
Lo que algunas personas interpretan como «agenda» suele ser simplemente:
- Fidelidad a sus principios.
- Coherencia interna.
- Capacidad de ver patrones.
- Y una memoria emocional y lógica que les permite hilar cosas que otros no recuerdan.
El lado oscuro: cuando sí puede parecer estrategia
No podemos negar que algunas personas con AACC, sobre todo si han crecido en entornos hostiles o donde han tenido que protegerse emocionalmente, pueden desarrollar estrategias de control como forma de defensa. Pero eso no es exclusivo de las altas capacidades, y tampoco es su esencia. Es un resultado del entorno, no de la inteligencia.
Mi experiencia con ser calculador o tener una agenda:
Sinceramente, soy una persona cero calculadora y no tengo agenda. O mejor dicho, me impido a mi mismo ser así.
Me siento muy incómodo cuando mi cerebro empieza a ver dónde llevan las diferentes variables y me veo calculando todas las posibles respuestas para obtener un resultado ventajista.
No me gusta manipular, ni me gusta tener intenciones ocultas. No me gusta pensar que hago las cosas para obtener rédito de ello. Me desprecio a veces solo porque el pensamiento cruce mi mente. No voy a caer ahí – Me digo.
Me gusta pensar que hago las cosas en honor a la verdad y la justicia.
La diferencia entre manipular y persuadir lo aclara todo: mientras la manipulación busca sacar ventaja, la persuasión pretende convencer de que una decisión es mejor que otra.
La línea es muy fina puesto que muchas veces lo que nos interesa puede ser precisamente lo que nos lleve a persuadir. Pero hay que ser fiel a uno mismo y preguntarse si ese interés es algo justo para el otro.
Soy muy receptivo a personas que ocultan cosas. Que se autoengañan a sí mismos o a otros y no mencionan los contras de un «plan».
Esto no quiere decir que no pueda contemplar todos los escenarios y saber jugar mis cartas. Lo hago si quiero, pero no a costa de otros. No buscando el mal ajeno. Sino sabiendo manejar situaciones.
Diría que manipular no es propio de una persona con alta empatía. Sabe que es un engaño y eso crea una disonancia difícil de manejar internamente.
Me provoca mucho rechazo proponer algo a alguien ocultando información.
Sé mentir muy bien, pero no soy capaz de mentir. Me siento culpable.
Los niños y ser calculador:
Aquí la cosa cambia.
Los niños sí pueden parecer manipuladores a veces, pero no deberíamos interpretarlo desde una lógica adulta. Cambiar las reglas sobre la marcha, reformular los hechos, mentir para evitar un castigo… no son actos fríos o premeditados, sino más bien formas de exploración, adaptación o supervivencia emocional.
No lo hacen desde la maldad ni desde una estrategia maquiavélica. Lo hacen porque están aprendiendo cómo funciona el mundo y, muchas veces, están simplemente probando los límites.
En los niños con Altas Capacidades esto puede ser más evidente. Tienen más capacidad para anticipar, para observar reacciones, para ajustar su discurso. Pero, en el fondo, sigue siendo una cuestión de madurez.
Muchas veces la lógica infantil parte del autoengaño: “si nadie se da cuenta, entonces me salgo con la mía”. Y lo entiendo, es astuto. Pero justo por eso insisto mucho en algo con mis hijos:
No hagas las cosas bien por miedo al castigo o por buscar una recompensa. Hazlas porque es lo correcto.
Yo no estaré siempre ahí para verte, y aun así, estará mal.
Haz lo que esté bien porque, si fuera al revés, te gustaría que lo hicieran contigo.
Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti.
Y sobre todo: no te autoengañes.
El autoengaño es como hacerse trampas al solitario. Es la forma más absurda de “tener razón”. Hacer trampas en un juego y luego declarar que has ganado. No funciona.
Parece que, si logras convencer a los demás de tu versión, entonces ya tienes razón. Pero no. Lo único que has hecho es vender una mentira que con el tiempo, quizás, acabes comprándote tú mismo.
Ese es el verdadero peligro del autoengaño: si lo repetimos lo suficiente, el cerebro acaba aceptándolo como verdad. Como si dijera: “Vale, lo que tú digas. Si insistes tanto, será que tienes razón.”
Y entonces, la voz de la conciencia se apaga poco a poco. No porque esté de acuerdo, sino porque ya no tiene espacio para hablar.
Es algo habitual. Tener una disonancia interna, una vocecita que dice “así no está bien”, molesta. Así que o cambiamos… o silenciamos esa voz. Y cuanto antes aprendamos a no hacerlo, mejor.
Porque si crecemos con la idea de que lo correcto depende de si alguien nos pilla o no, el autoengaño campa a sus anchas cuando somos adultos.
Deja una respuesta