La frustración es una emoción universal. Sin embargo, en las personas con Altas Capacidades (AACC), esta sensación puede adquirir una intensidad y una frecuencia inusuales. ¿Por qué alguien con más recursos intelectuales de los habituales se frustra tanto? ¿No debería ser lo contrario?
La realidad es que la alta capacidad no es un escudo contra el malestar. De hecho, muchas veces, es todo lo contrario: un amplificador.
Antes de empezar…
Ay, las palabras están cargadas de connotaciones a menudo erróneas.
Esto pasa con la frustración. Que no se entiende bien. Me explico:
Cuando hablamos de ansiedad a muchos nos viene la imagen de una persona que va como pollo sin cabeza, acelerada, medio sudando. Como si estuviera nerviosa. Pero así no funciona la ansiedad. Si la has vivido, sabes que puede sentirse diferente. Hablo aquí de esto:
Con la frustración pasa algo parecido.
Las personas que se frustran puede experimentar rabia. Esto es muy común en niños. No tienen manera de dominarla y puede enfadarse y tirar algo.
Esa es una manera de frustrarse. Se canaliza con la rabia.
Sin embargo, existe un tipo de frustración que tiene que ver con no sentirse comprendido, aburrirse, la apatía y la desconexión. Un «no merece la pena». Un «para qué voy a»…
Este sentimiento más maduro, que no se expresa con la rabia, puede llevar a una crisis existencial.
Una sensibilidad que lo amplifica todo
Las personas con AACC suelen tener una mayor intensidad emocional. Ven antes, sienten más, entienden rápido, y esperan —con razón— que el mundo responda a esa velocidad. Pero el entorno no siempre acompaña. Esto puede producir:
- Frustración por lentitud ajena: En el aula, en el trabajo o en casa, esperar a que los demás lleguen al mismo punto puede ser exasperante.
- Frustración por limitaciones externas: Normas absurdas, burocracia, métodos poco eficaces… todo eso puede resultar irritante para una mente acostumbrada a buscar eficiencia y sentido.
- Frustración por falta de reto: Cuando no se estimula el potencial, aparece el aburrimiento. Y detrás de él, muchas veces, la rabia o la tristeza.
- Frustración consigo mismo: A veces, la mente va más rápido que la vida. Tener ideas brillantes pero no saber cómo ejecutarlas o no tener aún la madurez o los recursos genera una tensión interna difícil de digerir.
Pensamiento complejo, emociones intensas
La frustración en las AACC no es solo una cuestión de «estar de mal humor». Puede vivirse como una crisis existencial. Una persona con alta capacidad puede preguntarse cosas como:
- “¿Para qué sirve pensar tanto si nadie me entiende?”
- “¿Por qué los demás no ven lo obvio?”
- “¿Por qué, si soy capaz de tanto, me siento estancado?”
Ese desajuste entre potencial y realidad puede ser fuente de dolor, aislamiento e incluso baja autoestima, especialmente en la infancia o la adolescencia.
Obstáculos comunes que generan frustración
- Escuela poco flexible: La educación tradicional rara vez se adapta al ritmo de los alumnos con AACC. Esto lleva al aburrimiento, desmotivación y, en algunos casos, al fracaso escolar.
- Incomprensión social: “No puede ser para tanto”, “te crees más que los demás”, o “eso no es tan importante” son frases que pueden minar la confianza y aumentar el sentimiento de extrañeza.
- Alta autoexigencia: Muchas personas con AACC se frustran por no cumplir sus propias expectativas, que a menudo son desmesuradas.
- Deseo de coherencia y sentido: Una mente que busca profundidad se desespera ante lo superficial o incoherente. Y el mundo no siempre ofrece respuestas satisfactorias.
Frustración crónica: un riesgo real
Si no se gestiona, esta frustración puede derivar en:
- Apatía y abandono de proyectos
- Explosiones emocionales o rabia
- Cierre social o aislamiento
- Problemas de ansiedad o depresión
- Perfeccionismo paralizante
No porque la persona con AACC “no sepa tolerar la frustración”, sino porque el sistema en el que vive no le permite desarrollarse con naturalidad.
¿Qué se puede hacer?
- Nombrar la emoción: Reconocer que lo que se siente es frustración y que es válida.
- Buscar entornos estimulantes: Personas, actividades, espacios donde haya reto, curiosidad y reconocimiento.
- Aprender a canalizarla: A través de la creatividad, el humor, el pensamiento crítico o el arte.
- Aceptar que no todo tiene solución inmediata: La paciencia también es inteligencia emocional.
- Apoyo psicológico especializado: Especialmente en casos de frustración profunda, cuando se convierte en bloqueo vital.
Conclusión
La frustración no es un defecto de las personas con altas capacidades. Es muchas veces una señal de desajuste entre su mundo interior y el exterior. Entenderla, acompañarla y crear entornos que permitan el florecimiento del potencial es responsabilidad de todos: familias, escuelas y sociedad.
A veces, solo hace falta que alguien escuche y diga: “Lo que sientes tiene sentido”.
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