Muchas personas con Altas Capacidades experimentan soledad en algún momento de su vida. No es algo exclusivo de este colectivo, pero sí tiene algunas características particulares. La soledad puede adoptar varias formas, y entenderlas ayuda a no culparse y a encontrar mejores estrategias para afrontarla.
Este sentimiento puede que no lo sintieras desde pequeño. Mi experiencia personal es que ha ido aumentando con el tiempo. Curioso, porque soy una persona extrovertida con muchos amigos.
¿Qué es lo que me pasa?
1. Soledad intelectual
Ocurre cuando sientes que no puedes hablar abiertamente de los temas que te interesan porque los demás se aburren, no siguen el ritmo o no les importan. No es arrogancia: simplemente tienes intereses menos habituales o una forma distinta de razonar.
A veces quieres hablar de ideas abstractas, dilemas éticos o patrones que has observado, y notas que el grupo cambia de tema o te pone cara de «esto no viene a cuento» o «qué espeso».
En muchos casos no es que vayas buscando esas conversaciones activamente, pero cuando se dan, son las que te interesan y puede que nunca lo hayas puesto en palabras este sentimiento.
Ya sabes, esa comida en la que se están tratando temas de lo más típicos: tiempo, futbol, política, el colegio… puede que proyectar estos temas en tu cabeza ya te esté generando cierto rechazo. Pero bueno, a veces se vuelven interesantes. Todo puede volverse interesante. Sin embargo, cuando haces esa pregunta especial, incómoda, un apunte que hace que todo no sea blanco o negro… se te echan encima los demás. ¿Acaso he dicho una locura? ¿No estábamos simplificando demasiado? No es que quieras hacer de abogado del diablo, pero estás abriendo la puerta a un pensamiento más complejo.
Consecuencia: puede que te encuentres con que a todos les parece lo que has dicho ridículo, complicado, confuso o molesto. Sobre todo, si las personas con las que hablas se toman tu aportación como un ataque personal. «Si lo sé me callo» – Piensas.
Entonces es cuando empiezas a ocultar partes de ti o a simplificar tu discurso para encajar. Te ves asintiendo y diciendo: «si, ya, es verdad. Si probablemente tengas razón».
Eso no solo puede agotar, puede aburrirte mucho.
¿Es que nadie tiene nada mejor que decir? ¿No ven que hay miles de factores que matizan las conclusiones? ¿Por qué cuando saco un tema complicado sobre Dios, la ética, la inteligencia artificial, blockchain, proyectos interesantes, parece que la conversación se queda sin gas?
¿Soy el único que lo ve? Quizá son mis cosas que me complico demasiado. Pero no siento que me complique, solo digo que no es tan sencillo.
¿Y por qué parece que todos están de acuerdo con la conclusión final? ¿Nadie discrepa? ¿Por qué? Se puede argumentar y discrepar. Se puede entender una postura y no compartirla.
Puedo respetar perfectamente una opinión sin tomármelo de forma personal.
«Creo que acabo de quedar mal» – piensas.
He tenido momentos en los que he dicho: no voy a decir nada porque si lo digo van a ir contra mi. De hecho creo que si siempre eres esa persona, la gente tiende directamente a contraargumentar cualquier cosa que digas. Como si te hubieras convertido en la persona que desentona siempre.
¿Cómo puede ser? Pero si no estoy diciendo nada raro. Es totalmente lógico. Y eso puede enfadarte. No estoy loco. ¿Por qué parece que todo lo que digo es «una chorrada»?
Aprendes. Te callas. Sobre todo cuando ves tantos agujeros en la argumentación de otros o tantos matices que piensas: «No sé ni por dónde empezar. No merece la pena ni entrar al debate».
El resultado es una especie de hastío, contestación automática y un desdoble de la personalidad.
Ya ni te importa. Que crea que tiene razón.
Durante muchos años he vivido esto de una manera razonablemente sana. He pensado que cada uno era de su padre y su madre. Que sus experiencia le llevaban a ver las cosas de una manera determinada, y como siempre, las excusaba. Oye, respeto.
Pero con el tiempo encuentras otras personas, que te sorprenden y piensas… joder. Esto sí es hablar.
Y por eso, de alguna manera inconsciente percibes la inteligencia, aprendes a verla cuando está delante tuyo y ya no te conformas. Entonces te das cuenta de que lo que estabas experimentando es soledad intelectual.
Pero solo me he dado cuenta con el tiempo.
2. Soledad emocional
Muchas personas con Altas Capacidades también tienen alta sensibilidad emocional. Perciben más matices, se afectan por cosas que a otros les parecen irrelevantes, y necesitan vínculos profundos para sentirse bien acompañadas.
Ejemplo: te duele una injusticia que otros ignoran. Te impacta una mirada, un gesto, una frase que para otros pasa desapercibida. Te gustaría poder hablar de ello, pero la respuesta suele ser: «No le des tantas vueltas», «Que va tío, estaba perfectamente. No sé de dónde te sacas que estaba triste o que le ha molestado mi comentario», «¡pero qué dices! No seas blando».
Consecuencia: aprendes a no compartir cómo te sientes, y eso crea una desconexión interior.
Entonces te callas pero juzgas: «es muy cruel lo que ha dicho», «por qué se burla», «me siento solo», «ese comentario me ha dolido»… pero solo haces una mueca.
O quizá no, y si te enfrentas quizá parezcas un poco loco. Al fin y al cabo, pareces ser el único que se siente así. No ves en los demás que haya reacción. Ni la más mínima, y eso que tu siempre lees las reacciones de los demás y percibes cualquier sentimiento que no se verbaliza.
Te hace sentir incómodo.
3. Soledad social
A veces simplemente no encuentras a personas con intereses o ritmos similares. Puede pasar en la infancia, pero también en la adultez. No siempre se traduce en tener «cero amigos», pero sí en no tener con quién ser tú mismo del todo.
Ejemplo: te juntas con gente, pero no conectas realmente. Puedes mantener conversaciones amables, hacer planes, pero falta profundidad, sentido o autenticidad.
Consecuencia: empiezas a preferir estar solo, pero no porque no necesites compañía, sino porque estar con otros te deja igual de vacío.
Puede que necesites a «esa» persona con la que sí puedes tener conversaciones diferentes.
Es posible que te de pereza pasar por el proceso de conocer a alguien que muy probablemente no sea esa persona con la que conectas de verdad. En el fondo requiere años conocerte bien. No le cuentas las cosas a cualquiera. Hay unas muy pocas personas con las que encajes de verdad.
¿Por qué la gente no tiene más inquietudes? ¿Por qué no quieren hacer más cosas? ¿Por qué no quedan más? ¿Es que se aburren conmigo? ¿Es que se conforman? ¿Por qué estoy siempre buscando novedad? ¿Por qué la gente no se emociona más? ¿Por qué no viven la vida más al límite? ¿por qué no persiguen más sus sueños?
¿Cuál es mi problema? ¿Soy demasiado intenso? ¿Demasiado activo? ¿Un ansias?
Cuéntame algo interesante. Haz algo loco.
No hay mayor locura que pasar por esta vida y no hacer ninguna locura.
«¿Con qué estás ahora?» es una frase que me han repetido mucho. Se dice con cierto tono burlón. Como si fuera loco querer hacer de todo.
Duramente mucho he respondido con vergüenza, como si fuera un «cabeza loca» que no se centra.
Me gusta todo ¿por qué a los demás no?
4. Soledad adaptativa o por camuflaje
Muchas personas con AACC aprenden desde pequeños a disimular. Para no destacar, para no parecer raros, para que no les llamen la atención por «saber demasiado». El camuflaje funciona… pero a un coste alto: nadie te conoce de verdad.
Ejemplo: bajas el tono, escondes tus preguntas, finges que algo te interesa solo para no desentonar.
Consecuencia: incluso en grupos grandes, sientes que estás actuando. Y eso a la larga genera soledad interior.
¿No os ha pasado? Tener conversaciones donde tu cabeza está en otro lugar todo el rato, pero eres suficientemente capaz de pensar en otra cosa mientras mantienes la suficiente atención a tu interlocutor. Piensas en lo mucho que te está aburriendo, en cómo disculparte para irte o en cómo sacar un tema mucho más interesante.
Yo recuerdo hacer más lento en primaria los exámenes de matemáticas para no convertirme en el rival a batir de la clase. Podía enorgullecerte al principio ser muy rápido, pero pronto se convirtió en un pequeño problema: era todos contra mí.
5. Soledad por desincronía
Las personas con Altas Capacidades, especialmente en la infancia, maduran antes en algunas áreas. A veces entienden cosas que sus iguales aún no procesan. O se aburren porque ya han superado esa fase mental. Eso crea una sensación de desajuste.
Ejemplo: un niño de 10 años interesado en física cuántica jugando con otros niños que hablan de dibujos animados. O un adulto que necesita conversaciones complejas y se encuentra atrapado en charlas superficiales. El deseo de dejar de jugar para poder hablar de cosas de mayores.
Consecuencia: sensación de no encajar ni aquí ni allí. Ni con los de tu edad, ni con otros adultos.
¿Qué hacer con esta soledad?
No se trata de dramatizar, pero tampoco de ignorarlo. Algunas ideas útiles:
- Buscar afinidad real, aunque no sea con muchas personas. No necesitas una multitud, solo una o dos personas con las que puedas hablar sin filtros.
- Aceptar que no todo el mundo tiene por qué entenderte, y eso no te invalida.
- No disimular siempre. Elegir cuándo mostrar tu auténtico yo también es cuidar tu salud mental.
- Valorar los momentos de soledad no como carencia, sino como espacio para ti, pero sin dejar que se convierta en aislamiento crónico.
- Participar en espacios donde haya mayor probabilidad de conexión: grupos de intereses específicos, asociaciones de AACC, actividades que favorezcan la conversación profunda.
Conclusión
La soledad en las Altas Capacidades no es un fallo personal. Muchas veces es el resultado de una desincronía con el entorno. Lo importante es reconocerla, ponerle nombre, entender de dónde viene… y saber que no eres el único. Hay más personas ahí fuera con tu misma sensación de rareza y deseo de conexión real.
Buscar no siempre es fácil. Pero vale la pena.
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