El Perfeccionismo en las Altas Capacidades

El perfeccionismo es un rasgo que a menudo acompaña a las personas con altas capacidades. Si bien puede impulsar a alcanzar niveles excepcionales de rendimiento y creatividad, también puede ser una fuente significativa de estrés y ansiedad. En este artículo, exploraremos las diferentes facetas del perfeccionismo en personas con altas capacidades, cómo se manifiesta, sus efectos en el bienestar emocional y académico, y las estrategias para gestionarlo de manera saludable.

Te contaré también mi visión sobre el perfeccionismo que quizá sea diferente a lo que es esperas…

¿Resulta que soy perfeccionista y no lo sabía?

¿Qué es el Perfeccionismo?

El perfeccionismo se caracteriza por la tendencia a establecer estándares extremadamente altos para uno mismo y por la necesidad constante de cumplir o superar estos estándares. A menudo se asocia con un miedo profundo al fracaso y una autocrítica intensa. En personas con altas capacidades, este rasgo puede ser aún más pronunciado debido a su alta sensibilidad y su capacidad para detectar detalles y errores que otros podrían pasar por alto.

Como veis, el perfeccionismo no siempre está relacionado con «no dejar pasar ningún detalle por mínimo que sea».

Perfeccionismo Adaptativo vs. Perfeccionismo Maladaptativo

Es importante distinguir entre dos tipos de perfeccionismo:

  1. Perfeccionismo Adaptativo:
    • Este tipo de perfeccionismo puede ser positivo y constructivo. Las personas con perfeccionismo adaptativo se fijan metas elevadas, pero realistas, y utilizan el deseo de excelencia como una fuente de motivación. Este enfoque puede llevar a altos logros y satisfacción personal, ya que el esfuerzo se enfoca en el crecimiento y la mejora continua.
  2. Perfeccionismo Maladaptativo:
    • El perfeccionismo maladaptativo, en cambio, es perjudicial. Las personas con este tipo de perfeccionismo establecen metas irrealistas e inalcanzables, y se castigan severamente cuando no logran cumplirlas. Esto puede llevar a una parálisis por análisis, miedo al fracaso, procrastinación, y una constante insatisfacción con uno mismo, independientemente de los logros alcanzados.

¿Por Qué las Personas con Altas Capacidades Son Propensas al Perfeccionismo?

Existen varias razones por las cuales las personas con altas capacidades pueden desarrollar tendencias perfeccionistas:

  1. Conciencia de las Expectativas:
    • Desde una edad temprana, los niños con altas capacidades son conscientes de que los demás esperan mucho de ellos. Esto puede ser tanto por las expectativas explícitas de los padres y maestros, como por la autoexigencia que desarrollan al ser conscientes de su propio potencial.
  2. Hipersensibilidad y Autocrítica:
    • La alta sensibilidad emocional y cognitiva de las personas con altas capacidades les permite percibir detalles y matices que otros no ven. Esto puede llevar a una autocrítica excesiva, donde pequeños errores o imperfecciones se perciben como fracasos importantes.
  3. Deseo de Control y Orden:
    • El deseo de tener control sobre su entorno y los resultados puede llevar a un enfoque perfeccionista, donde se intenta minimizar cualquier posibilidad de error o fallo. Esto puede estar relacionado con una necesidad de sentirse seguro en un mundo que a veces parece caótico e impredecible.
  4. Experiencias de Éxito Previo:
    • Las personas con altas capacidades a menudo experimentan éxitos tempranos en la vida. Este historial de logros puede establecer un estándar difícil de mantener, creando una presión constante para continuar cumpliendo con expectativas cada vez más elevadas.

Impacto del Perfeccionismo en el Bienestar Emocional

El perfeccionismo, especialmente cuando es maladaptativo, puede tener un impacto negativo significativo en el bienestar emocional de las personas con altas capacidades:

  1. Ansiedad y Estrés:
    • La presión por alcanzar la perfección puede llevar a niveles elevados de ansiedad y estrés. Las personas perfeccionistas a menudo viven en un estado constante de tensión, preocupadas por cometer errores o no cumplir con las expectativas.
    • Este por ejemplo no es mi caso puesto que nunca he sabido que tenía AACC hasta los 37 años. Nadie externo ni yo mismo me ha presionado por alcanzar estándares demasiado elevados.
  2. Depresión:
    • Cuando el perfeccionismo se convierte en una lucha constante contra la autocrítica, puede llevar a sentimientos de inutilidad y desesperanza, aumentando el riesgo de depresión. La insatisfacción continua con uno mismo, a pesar de los logros, puede erosionar la autoestima.
    • No he sido autocrítico conmigo mismo. Al menos no algo llamativo como para pensar en una depresión.
  3. Procrastinación:
    • Aunque puede parecer contradictorio, muchas personas perfeccionistas caen en la procrastinación. El miedo a no hacer algo perfectamente puede llevar a posponerlo indefinidamente, lo que a su vez aumenta el estrés y la sensación de fracaso.
    • No procrastino demasiado. Al revés, intento quitarme esas cosas pendientes cuanto antes para no tener un runrun en la cabeza. Las cosas importantes me gusta que estén bien hechas.
  4. Aislamiento Social:
    • El perfeccionismo también puede afectar las relaciones personales. Las personas con altas capacidades pueden evitar situaciones sociales donde temen ser juzgadas o no cumplir con las expectativas, lo que puede llevar al aislamiento y la soledad.
    • Tampoco es mi caso.
  5. Parálisis: Este fenómeno ocurre cuando una persona es consciente de que algo debe hacerse de una manera determinada para ser perfecto y cumplir su objetivo. Sin embargo, el mero hecho de pensar en el esfuerzo que conlleva alcanzar esa perfección puede llevar a no empezar el proyecto, o a abandonarlo después de haberlo comenzado. (Este soy yo)

Estrategias para Gestionar el Perfeccionismo

Es posible aprender a manejar el perfeccionismo de manera saludable, transformándolo en una herramienta para el crecimiento personal en lugar de una fuente de angustia:

  1. Aceptar la Imperfección:
    • Aprender a aceptar que la imperfección es una parte natural del ser humano y que los errores son oportunidades para aprender, no reflejos de fracaso, es crucial. Practicar la autocompasión y entender que nadie es perfecto puede aliviar parte de la presión interna.
  2. Establecer Metas Realistas:
    • Es importante fijar metas que sean desafiantes pero alcanzables. Esto permite experimentar la satisfacción de cumplir objetivos sin caer en la trampa de estándares inalcanzables. También es útil dividir las grandes metas en pasos más pequeños y manejables.
  3. Enfocarse en el Proceso, No en el Resultado:
    • Desviar la atención del resultado final hacia el proceso de aprendizaje y crecimiento puede ayudar a reducir el perfeccionismo negativo. Disfrutar y valorar cada paso del camino, independientemente del resultado, puede ser liberador. (Este es mi problema)
  4. Desarrollar la Resiliencia:
    • Enseñar y practicar la resiliencia, la capacidad de recuperarse de los fracasos y seguir adelante, es fundamental. Las personas con altas capacidades pueden beneficiarse al recordar que el fracaso no es el final, sino una parte del viaje hacia el éxito.
  5. Buscar Apoyo Emocional:
    • Hablar sobre los sentimientos de perfeccionismo con amigos, familiares o un terapeuta puede ser útil. El apoyo emocional y la perspectiva externa pueden ayudar a poner las cosas en contexto y aliviar la presión interna.

El perfeccionismo en mi experiencia:

Siempre he dicho que no soy una persona perfeccionista, pero ¿es eso realmente cierto?

Durante toda mi vida, he asociado el perfeccionismo con la idea de una persona extremadamente meticulosa, alguien que no deja escapar un detalle y siempre encuentra algo que criticar. Esa persona a la que nunca nada le parece suficientemente bueno y que acaba resultando agobiante. Me considero lo opuesto a eso, y sin embargo, me doy cuenta de que tal vez sí soy perfeccionista, aunque de una manera diferente.

A menudo caigo en lo que llamo «parálisis». Es decir, dejo de hacer algo porque no creo que vaya a lograr el resultado perfecto que imagino. Percibo la meta como inalcanzable o, si no inalcanzable, al menos tan difícil, improbable o tediosa que acabo abandonando la tarea.

Por ejemplo, comencé este blog con mucho entusiasmo, con la intención de dar a conocer todo lo relacionado con las altas capacidades a personas como yo, que no sabían que eran superdotadas hasta más tarde en la vida. Tengo los recursos, el tiempo, la experiencia profesional y la capacidad para hacer de este blog algo importante. Lo he logrado antes con otras webs, me dedico a ello. Pero después de un mes, me doy cuenta de lo lejos que estoy de convertir este blog en una referencia y empiezan a aparecer pensamientos como: «¿Cómo me he creído que podría conseguirlo?», «Qué pereza escribir otro artículo», «¿Para qué quiero este blog si ya hay tanta documentación disponible y ni siquiera soy psicólogo?». Pensaba que sabía de esto, pero después de un par de meses leyendo, me doy cuenta de que en realidad no tengo ni idea…

Seguramente, lo que necesito es persistir, pero ¡qué pereza! Además, ¿es esto lo que realmente estoy destinado a hacer? ¿Es este el propósito de mi vida? ¿Escribir un blog? Y entonces, empiezo a reflexionar sobre la fugacidad de la vida y pienso que quizás debería hacer otra cosa. Y así lo dejo. Me digo que hay metas más altas, problemas más importantes… y al final acabo no haciendo nada.

He caído tantas veces en este ciclo de pensamiento que he aprendido a seguir adelante y persistir, pero me cuesta horrores.

Por otro lado, soy alguien que considera algo «suficientemente bueno» cuando el esfuerzo adicional ya no justifica la mejora en el resultado. Por ejemplo, en el trabajo, dedico tiempo y esfuerzo hasta que veo que el esfuerzo extra que necesitaría para mejorar no compensa el resultado. Siempre he dicho que me quedo al 80%. Mi mujer suele decirme: «Por favor, ten algo de gusto por el detalle…» ¡Pero es que no puedo! Una vez que algo es suficientemente bueno, paso a otra cosa. No me merece la pena seguir.

Este enfoque tiene sus ventajas: no me pierdo en detalles minúsculos, sé cuándo parar y soy consciente de que hay otras cosas que requieren mi atención. Sin embargo, también tiene desventajas: hacer solo lo suficiente, cumplir con la tarea pero no más allá, dejar cosas a medias…

Es por esta razón que me cuesta persistir en algo. Cuando percibo que ya sé lo suficiente o que algo es suficientemente bueno, lo dejo. Por ejemplo, puedo empezar a tocar un instrumento con entusiasmo, pero cuando empieza a complicarse y noto que necesito teoría y un profesor, me canso. La curva de aprendizaje se aplana y ya no me compensa seguir. Como soy autodidacta, esa nueva fase de aprendizaje me parece un rollo. Aprendo a tocar el instrumento, pero nunca lo haré como alguien que ha ido a clases. ¿Pero para qué? No me compensa. Lo hago por placer, y en el momento en que requiere disciplina, deja de ser interesante o placentero, así que lo dejo. Esto me pasa con el tenis, el pádel, la música, temas laborales, proyectos personales… Me falta persistencia.

Incluso en áreas donde soy bueno y otros me considerarían un experto, sé que podría saber mucho más.

Sé un 5 de todo, en algunos temas laborales sé un 8, pero nunca seré el especialista. ¿Por qué? Porque no acabo las tareas con el suficiente detalle.

Aun así, soy un buen autónomo o jefe. No me pierdo en los detalles, tengo conocimientos en diversas áreas que son necesarias para tener una visión amplia de los proyectos, soy un buen estratega y un buen enlace entre varias disciplinas.

Sin embargo, una mente con altas capacidades, especialmente con un perfil de superdotación, tiende a ser eminentemente creativa. Ser especialista en algo implica perfeccionar un único tema hasta el final, y eso, además de «imposible», es muy concreto. Se me hace aburrido. Necesito pasar a otra cosa.

Por eso soy bastante polivalente, pero no me pidas ser el mejor en algo. No busco la perfección, no soy competitivo y no me interesa la excelencia.

Disfruto del proceso y cuando dejo de hacerlo, me cuesta seguir. Me mueve la motivación, pero luego carezco de la disciplina para continuar.

Por eso envidio a las personas capaces de ser disciplinadas y tenaces.

Este enfoque tiene un problema: si percibo que algo va a costar mucho, tiendo a la parálisis antes de empezar. Incluso si me apetece hacerlo al principio, soy consciente de que mi motivación bajará. Me pregunto: «¿Para qué? ¿Es esta la mejor manera de utilizar mi tiempo?»

No comienzo ciertas cosas porque no encuentro la manera óptima (perfecta) de hacerlo. Tengo dudas sobre cuál es el siguiente paso y, ante la previsible falta de disciplina para seguir cuando la motivación disminuya, no empiezo y acabo por no hacerlo. Percibo que algo se convertirá en una obligación y dejará de ser disfrutable. O si lo empiezo, luego me cuesta persistir en ello.

Así que, tiendo a la parálisis en proyectos que considero importantes, y por otro lado tiendo a ver el perfeccionismo como la optimización de mis recursos: hacer más con menos. A menudo me lleva a la ley del mínimo esfuerzo en muchas facetas de mi vida. Ambas tienen algo en común, la falta de persistencia. Mejorar esta cualidad me ayudaría a mejorar en ambos aspectos.

Conclusión

El perfeccionismo es un rasgo complejo que, si bien puede impulsar a las personas con altas capacidades hacia la excelencia, también puede convertirse en una carga pesada. Reconocer las manifestaciones del perfeccionismo y aprender a gestionarlo de manera saludable es esencial para asegurar que estas personas no solo alcancen su potencial intelectual, sino que también mantengan un bienestar emocional equilibrado. Al transformar el perfeccionismo de un obstáculo en una herramienta constructiva, es posible vivir una vida más plena y satisfactoria, donde la búsqueda de la excelencia coexista con la aceptación de la imperfección humana.

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *