Curiosidades de mi Alta Capacidad siendo niño

Detectar una alta capacidad no siempre es sencillo.

Una vez se aprende sobre este mundo, puede parecer “obvio”, y por eso voy a enumerar unas cuantas cosas que me han sucedido (y suceden) que son poco habituales.

La idea es hacer pensar sobre nosotros mismos o nuestros hijos y ver hasta que punto uno puede sentirse identificado con ciertos comportamientos.

Vamos allá:

Curiosidades sobre mí:

6 años y la habilidad para las matemáticas: recuerdo haber sido con mucha diferencia la persona más rápida sumando, restando, multiplicando y dividiendo en el colegio. Al menos hasta los 12 años aproximadamente. Recuerdo perfectamente como la gente estando en segundo y tercero de primaria parecían tener dificultades para dominar las tablas de multiplicar. No entendía por qué tenían que pensar el resultado. Para mí era algo mecánico. Casi instantáneo. Es algo que no pienso. Quizá esto se puede parecer a aquél niño que lee muy bien con esa edad y ve como los otros aún silabean.

Esto me llevó a ser siempre el primero de clase en cálculo mental y hacer ejercicios de operaciones con mucha facilidad. Me llevó incluso a ocultarlo poco después de que en un examen toda la clase quisiera ganarme. Yo, que había ido al baño, acabé en la mitad de tiempo que los demás, pero ellos no lo sabían y quedaron entre todos en aprovechar que me iba para ganarme. Al volver del baño alguien había acabado y sé rio de mí diciendo que me había ganado. Toda la clase se burló de broma. Le respondí que había acabado antes de irme. Era el rival a batir y dejó de ser algo divertido para ser algo que mejor ocultar. Recuerdo ver las caras de los demás siempre con algo de incredulidad.

Recuerdo también hacer reglas de tres en mi cabeza antes de que me las enseñaran. De hecho, cuando te las enseñaban miré al profesor extrañado. Era una operación que veía sencilla y simplemente la hacía de cabeza. No sabía hacerla como me pedían. Y eso que era fácil, pero yo simplemente ponía el resultado. Luego se fue complicando y me costaba mucho más, hasta tal punto que entendí que las matemáticas ya no se podían hacer de cabeza.

Siempre he sentido que tengo la respuesta en la cabeza a las operaciones sencillas. Es parecido a tener en mente la conversión euros/pesetas. Lo has estado haciendo tanto tiempo que sabes que 15 céntimos son 25 pesetas. Que 1 euro son 160. Pues algo similar. Sé que 100/6 es 16,6 periodo. ¿Por qué? Porque una vez lo pensé y tenía que ser eso y lo guardo en mi mente. Es como mi pequeña obsesión.

5, 6 y 7 años: ver películas infantiles cómo Peter pan y pensar que era un chulo. Ver a Gastón y no entender por qué era el malo cuando quería salvar a la bestia y la bestia le había encerrado a la Bella. Pensar que Mary Poppins no me gustaría que fuera mi madre. Decía que había que hacer todo lo que ella quisiera. Me parecía chula. Me faltaban palabras para describirla como potencialmente pasivo agresiva y vanidosa/prepotente. Vamos, que se lo tenía creído. A su manera o carretera.

Este tipo de pensamientos eran diferentes a lo habitual. No sabía poner en palabras por qué me sentía así.

También lloré con el rey león o bambi. Pero no dejaba verlo delante de los demás. Si estaba con alguien simplemente evitaba llorar y se me hacía un nudo la garganta.

7 años: tras una clase donde un profesor nos explicó que «somos lo que comemos» y que no es que el trozo de chuleta se vaya al bíceps directamente sino que pasa por el estómago y se digiere, me quedé pensando. Al llegar a casa le pregunté a mi padre por qué “yo era yo”. Si lo que somos es parte de la digestión, entonces por qué yo podía decir que era yo. Qué es lo que nos hace ser nosotros. Obviamente no utilicé estas palabras, pero la idea de fondo es que teníamos que ser algo más que una especie de cuerpo que es una consecuencia de lo que nos rodea. Recuerdo la torpeza al explicarme. No sabía expresarme, pero mi padre entendió y recogió el guante. Me dijo: estás hablando del alma.

Sumar matrículas: desde que aprendí a sumar, sumaba todas las que veía por la calle mientras andaba. Algo semi inconsciente.

Contar letras de palabras: cuando las matrículas se volvieron fáciles (pronto) empecé a leer letreros y contar sus palabras.

Contar letras de frases: cuando contar letras de letreros fue sencillo empecé a contar las letras que tenía una frase. Pero eso no acabó ahí. Me gustaba que diera par, idealmente múltiplo de 10, y si no, contaba los espacios entre palabras como un carácter más. Luego me di cuenta que también podía contar tildes. Luego, que quizá una mayúscula era doble tecla en un teclado… ya os podéis imaginar. El juego nunca acaba. Había que buscar la manera de que diera par. Lo sigo haciendo en segundo plano en mi mente. Pensaba que lo hacía todo el mundo.

Una vez vi a un chaval que salió en la tele diciendo que tenía esta habilidad también. Le sacaban en un programa como de talentos. Me di cuenta que yo hacía lo mismo y me reí. Él lo hacía más rápido que yo, pero muy parecido. No me pareció tan sorprendente. Era una cuestión de práctica.

Desde los 7: Saltar baldosas justo con el pie en medio. Luego lo complicaba con líneas imaginarias derivadas de farolas, casas, sombras, hojas… todo valía para montar el juego. Aún lo hago si estoy solo. Voy dando saltitos por la calle a menudo.

9 años: copiar un dibujo extremadamente bien. Tanto que ni me lo creía. Hoy por hoy lo estoy potenciando con buenos resultados.

10 años: soñar muchas noches con piezas de tetris bajando y colocarlas en mi mente. Tuve una época muy obsesiva con esto. Tanto que no podía dormir.

11 años: ¿por qué Dios nos ha creado si podemos ir al infierno? Si no me crea me daría igual porque no siento, pero al hacerlo, me pone en riesgo. Me obliga a ser bueno. Todo el mundo se puso a explicar las razones y ninguna me valía. Ni siquiera la de los adultos. En el fondo es una pregunta extremadamente complicada.

12 años: siempre me había gustado la música y me aprendía todas las canciones tanto en castellano como inglés. No me costaba. Pero con 12 años me aprendí todo el rap de Eminem de una canción porque estaba obsesionado.

15 años: ser capaz de realizar la prueba de cálculo mental del programa Saber y ganar habitualmente. Era la única prueba que consideraba factible en el programa. Lo demás imposible.

15 años: cuando me explicaron que la luz viajaba lo primero que dije es que si fuéramos capaces de ir más rápido que ella podríamos ver entonces nuestro pasado. Lo que fue. En realidad esto es lo que pasa con las estrellas, pero le di una vuelta de tuerca más. Nadie me entendía al explicarlo.

Lectura: nunca he sido un grandísimo lector. No me encantaba. Ahora bien, cuando me enganchaba uno era y es obsesivo. No tengo término medio. Devoraba los de animales. Con 7 años acabé un libro del Pirata garrapata en un día. Con 8 años, acabarme un cómic de los pitufos de tomo grande. Hasta las 12 de la noche leyendo. Me leí los 4 primeros libros de Harry Potter en una semana con 13 años. Los tres del Señor de los anillos con 12 años en una semana (6 horas de lectura diaria aprox). Los pilares de la tierra (1400 pág) en una semana con 20 años. Lo que hacen unas 4h diarias. Pero tuve momentos de 7 u 8 horas.

Cálculo mental en la universidad: una persona me vio jugar a un juego que tenía en un móvil nokia antiguo con 18 años. Pensó que me sabía las respuestas. Le dije que se me daba bien, nada más.

Creatividad: También he sentido que he sido más creativo que los demás de forma habitual, pero eso no se puede medir bien. He pensando que la gente no le dedicaba el tiempo a pensar una idea original, nada más. Veía sus ideas y pensaba: «¿esto es lo mejor que se te ocurre?». Pero no lo hacía con maldad. Simplemente pensaba que no había dedicado el mismo tiempo que yo a buscar ideas. Cuestión de motivación, suponía.


Bueno, estas son las pequeñas píldoras que puedo dejar escritas sobre mí.

No sé si leí el primero de mi clase (aunque recuerdo el día en que lo hice en el colegio infantil), ni si hablé muy pronto, ni tantas otras cosas que son habituales.

Recuerdo estas cosas como algo más excepcional, pero en el momento no me lo parecieron demasiado o vi a otra gente hacer cosas parecidas.

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


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