A veces, tener un hijo con Altas Capacidades no significa que todo vaya bien. De hecho, muchas familias se dan cuenta de que algo no encaja no porque su hijo destaque, sino porque empieza a sufrir.
Puede ser un cambio de humor. O un dolor de barriga constante. O una tristeza que no parece tener explicación.
Este artículo nace precisamente de ahí: de intentar entender cuándo la alta capacidad no brilla, sino que pesa.
Primero comparto algunas señales que yo mismo he visto (o que otros padres me han contado), y después, algunas ideas que pueden ayudar. No todas son soluciones mágicas. Pero a veces, entender lo que pasa ya es un gran paso.
Una consideración previa: los síntomas
A menudo sucede que muchos padres pueden detectar problemas en sus hijos sin ser conocedores de que los síntomas pueden estar provocados por una Alta Capacidad no detectada.
Es habitual que niños acudan al psicólogo por preocupación de los padres y el especialista propone valorar la Alta Capacidad tras hablar con ellos.
Así que si conoces a alguien que pueda tener estos síntomas, podría ser una señal.
Señales de que tu hijo con Altas Capacidades puede necesitar ayuda emocional (aunque no lo diga)
No siempre lo cuentan. A veces no saben cómo. Otras, simplemente creen que no deberían sentirse así, porque “son inteligentes” (si es que lo saben) y eso —supuestamente— les debería bastar para estar bien. Pero la inteligencia no inmuniza contra el malestar. A veces incluso lo intensifica.
Con el tiempo he aprendido que el malestar no siempre se expresa con palabras. A veces lo hace con el cuerpo, o con actitudes que parecen otra cosa.
Estas son algunas señales a las que debemos estar atentos:
Cambios de comportamiento o de ánimo, sin razón aparente
- Está más irritable, triste o apagado de lo habitual.
- Se enfada por cosas pequeñas o reacciona con una intensidad inesperada.
- Parece desmotivado o desganado, incluso con actividades que antes disfrutaba.
- Deja sus pasiones de lado sin explicación.
El cuerpo como canal: cuando no sabe cómo decirlo
- Dolores de barriga o de cabeza frecuentes, sin causa médica clara.
- Dificultades para dormir, insomnio o pesadillas.
- Tics nerviosos, parpadeos, carraspeo o movimientos repetitivos (parecidos a un síndrome de Tourette incluso).
- Náuseas o sensación de «nudo en el estómago» antes de ir al colegio o a ciertas actividades.
Aparenta estar bien, pero no lo está
- Camufla lo que sabe para no destacar.
- Se exige demasiado y se hunde ante fallos mínimos.
- Necesita hacerlo todo perfecto para sentirse válido.
- Usa el humor o la ironía como escudo.
En el entorno escolar o social algo no encaja
- Dice que el colegio es aburrido o que no sirve para nada.
- Tiene dificultades para relacionarse o no se siente comprendido.
- Rinde por debajo de su capacidad real sin motivo aparente.
- Muestra ansiedad antes de los exámenes aunque sepa la materia.
Qué puedes hacer como padre o madre para ayudarle
Aquí no hay recetas cerradas. Pero sí hay algunas ideas que pueden servir de base. No están pensadas para corregirle a él, sino para acompañarlo desde donde está, incluso cuando no sabe expresarlo.
Procesa más rápido que los demás → Se aburre en clase
Qué puedes hacer: Hablar con el centro educativo, proponer retos adicionales o adaptar tareas. En casa, ofrecerle desafíos por puro placer, no como deberes.
Lo que aprendí: No siempre quieren más ejercicios. A veces solo necesitan poder explorar lo que les interesa, sin que nadie les diga que eso “no toca ahora”.
Se frustra mucho con los errores → Perfeccionismo oculto
Qué puedes hacer: Reforzar el proceso y no solo el resultado. Hablar de tus propios errores sin dramatismo.
Lo que viví: Un día rompió una hoja porque se equivocó en una letra. Yo pensaba que era una rabieta más… hasta que entendí que no se perdonaba fallar. Como a menudo no le cuestan las cosas, cuando se complica un poco, lo deja y no persiste.
Le cuesta encajar con otros → Sensación de ser raro o incomprendido
Qué puedes hacer: Buscar espacios donde pueda conocer a otros niños con intereses similares. Fomentar la aceptación de sí mismo. No exigirle ser sociable a toda costa.
Reflexión: No necesita muchos amigos, necesita sentirse a gusto con uno o dos con quienes pueda ser él mismo.
Se obsesiona con temas y luego los deja → Pasiones intensas pero fugaces
Qué puedes hacer: Validar cada interés como una etapa de aprendizaje profundo. No forzar continuidad si el interés se ha agotado.
Lo que entendí: No es falta de constancia, es que lo que le mueve es la curiosidad, no la obligación.
Tiene reacciones emocionales intensas → Hipersensibilidad emocional
Qué puedes hacer: Ayudarle a poner nombre a lo que siente. Validar sin minimizar. Enseñarle estrategias para autorregularse sin negarse a sí mismo.
Reflexión: No es un drama por todo. Es que lo siente todo más.
Dice que el colegio no tiene sentido → Desmotivación o vacío existencial
Qué puedes hacer: Explorar qué le gustaría aprender, incluso fuera del currículo escolar. Hablar con él sobre el porqué de las cosas. Dejar que haga preguntas, aunque no sepas las respuestas.
Pensamiento: A veces no necesita respuestas, solo saber que puede hacerse preguntas sin ser juzgado.
Somatiza lo que no dice → El cuerpo habla
Qué puedes hacer: Observar sin juzgar. No banalizar lo que siente. A veces es el entorno escolar, otras veces es una exigencia interna. Si los síntomas se repiten o son muy intensos, valorar buscar acompañamiento profesional.
Mi experiencia: No era el estómago. Era el miedo a equivocarse, o a no estar a la altura de lo que él mismo esperaba de sí.
Y por último…
No se trata de hacer un máster en neuropsicología. Ni de anticiparte a todo. Se trata, simplemente, de estar cerca. De observar sin invadir. De acompañar sin dirigir.
Ayudar a un hijo con Altas Capacidades no va de empujarle a ser más.
Va de darle el espacio, el permiso y el apoyo para que sea quien ya es.
Y si en ese camino a veces tropieza, se bloquea o se cansa… que sepa que hay alguien que lo ve, que lo entiende, y que está ahí.
Aunque no diga nada.
Deja una respuesta