Altas Capacidades: No es falta de constancia, es que lo que te mueve es la curiosidad, no la obligación

¿Cuántas veces has empezado algo con ilusión y lo has dejado a medias?
¿Te has reprochado por no acabar aquel curso, aquel proyecto, aquella idea brillante?
¿Te han dicho (o te lo dices a ti mismo) que no eres constante, que te dispersas o que te falta disciplina?

Si tienes Altas Capacidades, puede que esto te suene. Y puede que estés juzgándote con el filtro equivocado.

O dicho de otra manera, que tengas que aprender a hablarte bien a ti mismo.

Te propongo esta manera de hablarte:


¿De verdad te falta constancia… o simplemente se apagó la chispa?

En las personas con Altas Capacidades, la motivación suele tener un motor muy distinto al de la mayoría. No es el deber, no es la presión externa, no es la recompensa. Es la curiosidad.
Es la necesidad casi biológica de entender cómo funciona algo, de ver si puedes hacerlo, de explorar un nuevo camino mental. Es un impulso que aparece de repente, te atrapa, te obsesiona durante días, semanas… hasta que se sacia.

Y cuando se sacia, ya está.

No importa si has llegado hasta el final. No importa si el proyecto está «terminado» o no. Para ti, el verdadero viaje ya ha ocurrido: has aprendido lo que querías aprender.
Y, si lo piensas bien, ¿no es eso una forma muy pura de constancia?
Constancia hacia el conocimiento, no hacia el resultado.


Obligación vs. Curiosidad: Dos motores que no se parecen en nada

Hay quienes avanzan por obligación.
Y hay quienes avanzan por fascinación.

Si tienes Altas Capacidades, es probable que los caminos obligatorios te pesen, te aburran o incluso te paralicen. No porque seas vago, ni inmaduro, ni perezoso.
Sino porque tu mente está cableada para entusiasmarse, no para obedecer.

Y eso, en un mundo que valora lo predecible, lo rutinario y lo cuantificable… puede parecer un problema.
Pero no lo es. Solo es otra forma de moverse.


Curiosos crónicos: la energía viene de lo nuevo

Hay algo muy típico en las Altas Capacidades: el patrón de los «intensos pero fugaces».

Personas que aprenden a programar en una semana, se obsesionan con la historia del Japón feudal, desmontan un sistema educativo en una conversación, se empapan de física cuántica… y, de pronto, lo dejan.
No por falta de ganas. Sino porque la sed ya fue saciada.
Y porque ahora hay otra idea, otra pregunta, otro universo llamando desde el fondo del cerebro.

Esto no es dispersión. Es expansión.


Entonces, ¿estás condenado a dejar todo a medias?

No. No estás condenado a nada.

Pero sí puedes reconciliarte con tu forma de funcionar.
Saber que lo tuyo no es la línea recta, sino la espiral.
Que no siempre acabarás lo que empieces, pero siempre empezarás algo que merezca la pena.
Y que cuando algo te atrapa de verdad —cuando une pasión, reto, libertad y propósito— puedes volverte obsesivamente constante.
Imparable.
Incansable.


Un consejo final: no intentes cambiar tu gasolina

No intentes moverte por lo que no te mueve.
No te castigues por no funcionar como se espera.
Y no olvides esto:
No es que no seas constante. Es que no te interesa caminar en círculos solo porque te han dicho que así es como se avanza.

Tú no necesitas caminos marcados.
Tú necesitas mapas en blanco.
Porque tu brújula es la curiosidad, no la obligación.

¿No es esto una manera bonita de adornar la falta de constancia?

Jaja.
Pues sí… y no.

Que las palabras que acabas de leer no te nublen.

Siempre he dicho que mi mayor defecto es la falta de constancia y, ciertamente, saltar de un lado a otro tiene sus pegas. Muchas.

El equilibrio, tal vez, esté en seguir teniendo esta fascinación por las cosas sin llegar a caer en ser el “hombre del Renacimiento que todo sabe pero nada hace bien”.

A veces, aunque el alma nos pida volar de rama en rama como un gorrión inquieto, hay que “pasar por el aro” y asumir que ciertas cosas —aunque no nos fascinen— nos convienen.

Acabar esa carrera que nos queda poco.
Profundizar en la parte que no nos apetece.
Esforzarnos un poco más para tener esa nota que nos abre más puertas.

Porque, aunque la curiosidad enciende el fuego, la constancia lo mantiene vivo.


Ser práctico también es ser inteligente

Sostener un interés concreto en el tiempo nos vuelve expertos.
Y ser experto no solo abre puertas laborales… también te permite sentirte dueño de algo, saber que eres bueno en eso, creértelo sin dudas.

A veces, aunque te apetezca hacer otra cosa, toca remangarse y decir:
«aunque no apetezca, tengo que mantenerme».

Porque está muy bien aprender, pero es innegable que donde hay sudor, se encuentra a menudo la miel más dulce.


Curiosidad, constancia y sentido

No hay que elegir una y desechar la otra.
No es blanco o negro, pasión o disciplina.
Lo verdaderamente poderoso ocurre cuando ambas se alinean:
Cuando la curiosidad te señala el camino…
y la constancia te permite llegar lejos en él.

Así que no te castigues si cambias de rumbo, si empiezas cosas que no terminas.
Pero tampoco te refugies en la excusa del «yo soy así».
Busca tu equilibrio.
Haz espacio para la chispa, pero también para el fuego lento.

Porque ser muy bueno en algo también puede ser un acto de amor hacia ti mismo.

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


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