Altas Capacidades: ¿Tocados por una varita mágica?

Cuando descubres que tienes Altas Capacidades, puede aparecer una sensación curiosa. Algo parecido a pensar que por fin encajan ciertas piezas. Que todo lo que parecía raro, distinto o fuera de lugar, ahora tiene una explicación. Y ahí, en ese alivio, puede colarse sin querer otra idea: “A lo mejor sí que soy especial. A lo mejor hay algo en mí que otros no tienen.”

Uno puede engrandecerse.

Es tentador. Porque muchas veces, antes de saberlo, uno se ha sentido un poco desubicado. Demasiado intenso, demasiado rápido, demasiado difícil de entender. Y al ponerle nombre, es fácil caer en la idea de que esto es casi un don mágico. Como si una varita nos hubiera tocado al nacer.

Y sí, no puedo decir que tener Altas Capacidades sea algo malo. Nadie diría que es malo ser muy habilidoso en los deportes, ni ser una persona fuerte de constitución, ni tampoco una persona guapa.

Pero esa visión tiene truco. Porque si te la crees del todo y no eres capaz de contextualizarla, corres el riesgo de construirte una identidad basada más en la diferencia que lo compartido.

Aquí una paradoja que siempre me ha sacado una sonrisa: «Somos únicos y especiales… exactamente igual que todos los demás.»

La verdad es que tener Altas Capacidades no te convierte en ningún tipo de superhéroe. No te da inmunidad ante el error, ni te garantiza una vida brillante. Tampoco te libra de la duda, del miedo, ni de los días en los que no sabes qué hacer con nada. A veces puede ayudarte a entender el mundo de otra forma. Y a veces, hacerlo más complicado. Hay momentos en los que facilita, y otros en los que te sientes fuera de lugar por ver cosas que otros no ven o por no disfrutar lo que parece gustar a todo el mundo.

De hecho, suelo decir que casi todo tiene «cara b». Una persona muy guapa o fuerte, es más probable que peque de vanidad, una persona inteligente, de soberbia.

Pero no, no hay varita mágica. Hay una forma distinta de procesar, de conectar ideas, de hacerse preguntas. Una mente que puede ser rápida o profunda, sí, pero también sensible, dispersa, intensa, contradictoria. En definitiva: humana.

Y es ahí donde a veces perdemos el foco. Porque lo que de verdad nos define no es el número que marca un test, ni la etiqueta que llevamos puesta. Lo que nos define es cómo somos capaces de convivir con eso sin separarnos del resto. Porque por muy alta que sea tu capacidad, hay algo que siempre es verdad: no estamos hechos para vivir por encima de nadie, sino al lado de todos.

Puede que algunas cosas las veamos de forma diferente. Pero seguimos necesitando lo mismo que cualquier otra persona: cariño, sentido, conexión, tiempo para equivocarnos y gente con la que reírnos de todo, incluso de nosotros mismos.

Así que no, no somos especiales en el sentido mágico del término. Y eso, en el fondo, es un alivio.

El problema es construir una identidad entorno a las Altas Capacidades. Como si naciéramos con un superpoder y los demás fueran menos por no tenerlo.

Esto puede llevar a sobreestimarnos, sentirnos demasiado especiales… cuando es mucho más lo que nos une de lo que nos diferencia.

Mi consejo sería este: aléjate de la idea de ser un ser especial y no construyas una identidad entorno a esto de forma exclusiva.

No tiene mérito haber nacido así, así que si sientes la tentación de engrandecerte por tener un CI mayor, en realidad lo único que estás haciendo es acercarte a la vanagloria.

Lo importante es lo que hagas con ello.

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