¡Buenas! En este vídeo traemos una charla súper enriquecedora con Ramiro, un seguidor del canal que nos acompaña desde Argentina. Al igual que me pasó a mí y a muchos de los que estáis al otro lado, Ramiro llegó al mundo de las altas capacidades a través de la detección de su hija.
Hablamos un poco de la situación en Argentina, donde las evaluaciones apenas llegan al 1%, y cómo fue el proceso con su pequeña, que resultó ser extra precoz: empezó a caminar a los 7 meses, a identificar letras y colores con apenas un año, y a exigir explicaciones lógicas para todo desde bien chiquita. Compartiendo anécdotas, comentamos lo agotadora que es esta intensidad para los padres (llegando al burnout) y cómo esos rasgos (su hiperfoco actual con los cubos de Rubik o su fijación temprana por las letras) a veces pueden solaparse de forma maravillosa con un TEA de grado 1, potenciando habilidades extraordinarias.
Pero el melón gordo se abre cuando Ramiro nos cuenta su propia historia. A sus 35 años, coincidiendo con la guerra de Ucrania, le entró una crisis de identidad vital tremenda (¡exactamente igual que a mí!). Sintió que no había hecho nada con su vida, lo que le llevó a leerse el DSM-5 entero en un mes y a terminar acudiendo al psicólogo. Aunque siempre se consideró «normal» y pensaba que el inteligente de la familia era su hermano mayor, terminó descubriendo su propia alta capacidad.
Ramiro nos confiesa que sufrió de fracaso escolar en la secundaria por rebeldía, llegando a dejar los estudios a falta de un año, aunque luego fue capaz de aprobar 11 asignaturas libres en cuatro días. A pesar de no tener títulos reglados y de arrastrar la losa de «no aprovechar su potencial», es un auténtico generalista o polímata empírico: ¡se ha construido dos casas y un galpón con sus propias manos, además de ser músico y pintor!
La charla concluye con un mensaje brutal sobre la diferencia entre humildad y baja autoestima. A Ramiro la evaluación le sirvió para vencer el síndrome del impostor y atreverse a exponer sus cuadros en público por primera vez. Nos deja una valiosa lección de vida: hay que avanzar trazando líneas finas, permitiéndose cometer errores en el camino y subiendo escalones desde donde sea que arranques, sin miedo a mirarse al espejo.
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