Mi hija de 5 años es el claro ejemplo de pensamiento divergente.

Tiene unas salidas de lo más graciosas, a menudo relaciona ideas muy alejadas unas de otras y te hace estallar de la risa con alguno de sus comentarios.

Un buen día, estaba hablando y con sus 5 años y su cabeza llena de ideas y pájaros que aún no ha aprendido a dominar bien, le costaba poner orden y contar una historia. Su hermano, cansado de aguantar una explicación lenta la interrumpió, y ella, tal y como nos tiene habituados, se empezó a alterar.

No le gusta que le interrumpan, levanta la voz, te grita, incluso aunque la interrupción sea para decir algo que aporta realmente. Ella siente que pierde el hilo y un día nos grito:

«¡Que se me va el pato!»

Entiendo perfectamente a lo que se refiere. Ese momento donde la cabeza va a mil y tienes que soltar toda la idea y si no, se esfuma. A menudo intentas recordar y dices: «ya no sé que iba a decir».

Hemos acuñado la expresión en casa.

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


Comentarios

Una respuesta a ««¡Se me va el pato!»»

  1. Hace unos años que llevamos una lista en el móvil y anotamos sus invenciones: desde biciclistas a tóntolas, todas tienen un por qué y cuando las releemos nos reímos mucho.

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