Es una de las consultas estrella en el mundo de la crianza: «Mi hijo habla solo, juega con alguien que no veo y le pone un plato en la mesa a un ser invisible. ¿Debería preocuparme?». En el universo de las Altas Capacidades (AACC), la respuesta suele ser un «no» rotundo, seguido de un «es fascinante».
Pero antes de analizar por qué ocurre con tanta intensidad en nuestros niños, pongamos los puntos sobre las íes.
¿Qué entendemos exactamente por «amigo imaginario»?
No es un fantasma, ni una alucinación, ni un síntoma de que algo va mal. Un amigo imaginario es una creación social ficticia a la que el niño dota de personalidad, voz y voluntad propia.
Puede ser un animal, un niño de su edad, un superhéroe o incluso un objeto inanimado que «cobra vida». Lo fundamental es que el niño —especialmente el de altas capacidades— sabe perfectamente que esa entidad nace de su mente. No es una pérdida de contacto con la realidad, es un ejercicio de metacognición temprana: su cerebro creando otro cerebro para interactuar.
¿Cuántos niños los tienen y a qué edades?
Si te sientes un bicho raro, los datos te van a tranquilizar. Es un fenómeno mucho más común de lo que la gente admite en las reuniones de padres:
- Prevalencia: Se estima que hasta el 65% de los niños han tenido un compañero imaginario antes de los 7 años.
- Edad de inicio: Suelen aparecer entre los 3 y los 5 años, coincidiendo con la explosión del lenguaje y el juego simbólico.
- El «adiós»: Normalmente se desvanecen hacia los 7 u 8 años, cuando el pensamiento lógico y la socialización escolar ganan peso.
Sin embargo, aquí es donde las AACC rompen el molde. En estos niños, el amigo imaginario puede aparecer mucho antes o, lo que es más frecuente, quedarse mucho más tiempo (incluso hasta la preadolescencia) sin que suponga ningún problema patológico.
¿En qué se diferencia el «amigo» de un niño con Altas Capacidades?
Aunque la base es la misma, en el caso de las mentes con alta demanda intelectual, el fenómeno adquiere matices muy distintos:
- La complejidad de la «ficha técnica»: Mientras que para un niño promedio el amigo es «un oso que juega», para un niño con AACC el amigo tiene una biografía completa, gustos específicos, una genealogía y, a veces, hasta un sistema de valores propio.
- La función dialéctica: No es solo un compañero de juegos; es un compañero de debate. El niño lo utiliza para ensayar argumentos, discutir teorías o probar puntos de vista diferentes sobre un tema que le obsesiona.
- La persistencia y evolución: El amigo no es estático. Evoluciona a medida que el niño crece. Si el niño empieza a interesarse por la astrofísica, el amigo imaginario, de repente, también es un experto en agujeros negros.
- Refugio ante la disincronía social: Aquí está la clave. Cuando un niño de 5 años quiere hablar de la fotosíntesis con un nivel de detalle enciclopédico y sus compañeros solo quieren jugar al pilla-pilla, el amigo imaginario se convierte en su único interlocutor válido. Es una estrategia de supervivencia frente a la soledad intelectual.
Un poco de rigor
Expertos como Marjorie Taylor han demostrado que este fenómeno es un signo de salud cognitiva. Además, investigadores como Eva Hoff asocian la presencia prolongada de estos amigos con un mayor desarrollo del pensamiento creativo.
Mi experiencia con amigos imaginarios
Yo no los he tenido, pero mi hija mediana sí. Era un dragón que si no recuerdo mal se llamaba Roberto. Hablaba con él de vez en cuando, pero no tardó en desaparecer.
Aunque supuestamente es un fenómeno bastante común, los niños que conozco que los han tenido son niños precoces. No puedo asegurar que hayan tenido altas capacidades, pero sí una evolución temprana.
Una de las niñas que conozco tuvo tres y su padre incluso les hacía hueco en la mesa para seguir el «rollo» de su hija.
Conclusión para mentes inquietas
Tener un amigo imaginario no es una señal de aislamiento, sino de riqueza creativa. En el contexto de las AACC, es una manifestación de una mente que necesita «más»: más conversación, más complejidad y más capas de realidad.
En lugar de preguntar cuándo se irá, observa qué dice. Ese compañero invisible es, probablemente, el espejo de todo el potencial que tu hijo está empezando a desplegar.
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