Altas Capacidades, Alta Sensibilidad y el Problema de Agradar

Hay personas que nacen con la tendencia a agradar. Puede venir de la alta sensibilidad, de un carácter conciliador o simplemente de la necesidad de que todo fluya sin conflicto. En muchos casos, quienes tenemos altas capacidades y además somos sensibles, cargamos con este patrón desde pequeños: buscamos la armonía a cualquier precio.

El resultado es fácil de describir, pero difícil de reconocer cuando lo vives: dices “sí” demasiado rápido, te adaptas a casi todo, cedes en lo que quieres. Encajas. Y lo haces tan bien que hasta parece natural. Nunca eliges la película, no propones el menú en el restaurante, no impones tu plan. No es que no tengas preferencias; las tienes. Pero por encima de todas está una: que todos estén bien.

Te diría más: Cuando estás solo ¿sabes elegir una peli, pedir comida y hacer un plan? Puede que ni siquiera. O puede que sí, pero cuando estás en grupo te adaptarás.

El gran problema es que, cuando pasas demasiado tiempo sin elegir, acabas perdiendo la conexión con lo que realmente quieres. Te acostumbras a ir a rebufo de lo que deciden los demás. Y cuando alguien, de repente, te pregunta qué te apetece de verdad, dudas. Porque llevas años sin hacerte esa pregunta en serio.

Incluso puede sonarte extraña:

—¿Qué quieres tú?
—Pues… no se. Nada. Que estemos aquí a gusto.
—Ya, pero, ¿qué quieres ?
—No sé… ¿tú qué quieres?

En ese momento titubeas. Puede que no sepas lo que quieres, o quizá sí, pero intuyes que lo que a ti te apetece será difícil de aceptar para el otro. Quizá no estás acostumbrado a esa pregunta. Parece una pregunta trampa. Piensas en todas las posibles reacciones, las anticipas, y acabas diciendo una verdad a medias: algo que no te desagrada, pero que sabes que la otra persona aceptará sin fricción.

¿Te has preguntado alguna vez qué harías si no tuvieras que agradar a nadie?

¿Cuántas veces has hecho lo que supuestamente se espera de ti? ¿Cuántas veces te has autocensurado?

Lo más paradójico es que no cedes por falta de carácter, sino por exceso de empatía. Sabes que si no aceptas, alguien se enfadará; que si pones pegas, las cosas no fluirán; que si expresas tu opinión, quizá rompas la armonía. O quizá no pase, pero no te vas a arriesgar. Y para ti, que las cosas fluyan es más importante que tu propia preferencia. Tu gran miedo no es perder tu voz, sino perder la paz.

El riesgo, sin embargo, es claro: las cosas pueden fluir… pero a tu costa.

Cuando te rodeas de personas que te quieren, suele haber un equilibrio. Intuyen lo que te gusta, velan por ti, y aunque no lo digas, te tienen en cuenta. Aun así, incluso en esos entornos seguros, cuesta que tomes decisiones por ti mismo.

Pero si te juntas con personas egoístas, de carácter fuerte o directamente dominantes, tu voz desaparece por completo. Ellos eligen siempre, tú nunca dices nada, y poco a poco tu personalidad se desdibuja. Lo normalizas… y sin darte cuenta puedes acabar en relaciones profundamente tóxicas. Incluidas las de pareja.

La alta sensibilidad y las altas capacidades hacen que todo esto se viva con más intensidad. No solo cedes: analizas, anticipas, calculas. Tu cabeza se convierte en un mapa de posibilidades que, una y otra vez, te lleva a la misma conclusión: mejor cedo.

El verdadero reto es romper ese patrón sin dejar de ser quien eres. Porque no se trata de volverse egoísta ni de imponer siempre tu voluntad. Se trata de encontrar tu voz en medio de la empatía. De atreverte a decir: “esta vez quiero yo”, “esta vez no me apetece”. De recordar que fluir no debería significar desaparecer.

Quizá la clave esté en algo muy simple: aprender a agradarte también a ti.

Si alguna vez dudas de si mirar por ti es egoísta, piensa esto: si tú no estás bien, acabarás pagándolo y será imposible que hagas tanto bien a los demás. Aunque solo sea por los demás, necesitas estar bien. Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, no mejor.

Atrévete a decir lo que quieres: los demás también tienen derecho a saberlo para poder hacerte feliz. No les prives de esa oportunidad.

Porque quien de verdad te quiere, quiere conocerte también en lo que te motiva, en lo que disfrutas, en lo que te hace sentir vivo.

Y si todavía te preguntas si tiendes a agradar demasiado, hazte esta pregunta sencilla:

¿Te parece justo que la persona que más te quiere no sepa lo que quieres?

Si nunca lo dices, nunca podrá darte lo que necesitas.

Y ahí fuera hay mucha gente deseando hacer felices a los demás. Solo necesitan que les digas cómo.


Yo he sido este tipo de persona mucho tiempo.

Siempre pendiente, siempre atento al estado emocional, siempre velando porque las cosas fluyan y puedo decir que esto te lleva a la búsqueda de la aprobación externa.

Puede llevarte a que no sepas decir que no. Que tu personalidad se desdibuje. Que cedas demasiado. Que cruces incluso tus propias líneas rojas… y lo peor es que crece. Acostumbras al cuerpo a esa nueva realidad, y cuando toque ceder más aún, ni siquiera te habrás dado cuenta de que ya habías cedido.

Poco a poco, uno desaparece hasta que no se reconoce y pregunta: ¿Quién soy yo en realidad? ¿Por qué he dejado de hacer esto que me gustaba? ¿Por qué ha cambiado mi esencia?

¡Cuídate!

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


Comentarios

Una respuesta a «Altas Capacidades, Alta Sensibilidad y el Problema de Agradar»

  1. Hola, Es tan cierto lo que escribes, me he pasado la vida dando el gusto a todo el mundo que ya ni se quien realmente soy, a veces siento que soy como una bomba de tiempo a punto de explotar (hasta hoy no lo hago jaja)
    El diagnostico de tdah ahora a mis 46 años, además tengo hipersensibilidad sensorial y estoy empezando a sospechar que quizás también AACC, (salí percentil 95 en Raven), ha sido como abrir una puerta a un mundo desconocido, tengo tanta información en la cabeza que no se por donde partir, al menos ahora le encuentro mucho mas sentido a como he sido siempre y se que también me queda un largo camino por recorrer.
    Saludos desde Chile.

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