La Historia de Ysapy y su hija: Altas Capacidades, Desafíos y Resiliencia

Me presento, mi nombre indígena es Ysapy, que en mi idioma nativo significa «brisa de la mañana». Soy una mujer de 31 años con dos hijas (de 11 y 1 años). Mi hija mayor fue diagnosticada oficialmente con Altas Capacidades (AACC) a los 7 años. El pediatra ya me lo insinuó cuando ella tenía 5, pero preferí mirar hacia otro lado, esperando una normalidad que nunca llegó. Mi bebé también muestra señales de AACC y TDAH.

El desarrollo temprano de mi hija mayor

Mi hija mayor, afrolatina (su padre es africano y yo soy latina), fue criada en España, en Euskadi. Hago énfasis en esto porque fue uno de los detonantes de muchos de sus traumas.

Desde pequeña mostró señales inusuales. A los 11 meses caminaba y corría; a los 18 meses mantenía conversaciones fuera de lo normal para su edad. Era la niña más paciente y amorosa. Cantaba y bailaba donde fuese, sin pena, y siempre se mostraba muy valiente, lanzándose a todo. Sus únicos miedos eran la oscuridad, los juguetes de los perros, y algunos ruidos estruendosos como el arranque de una moto o el paso de un tren de carga.

El impacto de la pérdida de su padre

Mi hija estaba extremadamente unida a su padre biológico, quien era todo su mundo. Sin embargo, por problemas familiares, él tuvo que abandonar el país para regresar a su tierra natal. Esta separación fue uno de los primeros grandes golpes en la vida de mi hija, agravado por la pérdida de un bebé y la muerte de su abuela paterna en un corto periodo de tiempo.

Mientras él se marchaba, nosotras nos quedamos en Euskadi intentando salvar el negocio familiar, lo que me obligó a dejar mis estudios y buscar trabajo extra. Durante esta etapa, tuve que dejar a mi hija con diferentes familiares y amigos. El cambio afectó profundamente a mi hija, ya que su estabilidad emocional estaba muy ligada a su padre. Empezó a rechazar ir al colegio, inventaba dolores y no quería quedarse sola en casa.

Un deterioro emocional y físico

La ausencia de su padre y los cambios constantes en su vida empezaron a tener consecuencias serias. Mi hija, que solía adorar ir al colegio, comenzó a rechazarlo por completo. A menudo fingía dolores físicos para evitar ir y no podía dormir hasta que yo llegaba a casa, fuera la hora que fuera.

El estrés de esta situación también me pasó factura. Perdí mi trabajo y nuestra casa, lo que nos llevó a vivir en un centro para madres solteras. Todo esto incrementó el estrés de mi hija, que a los 3 años y medio, mostraba signos de retroceso en su desarrollo. Había dejado casi de comer sola, no mostraba interés por las actividades que antes amaba, como leer, cantar o bailar, y parecía haber vuelto a ser un bebé en muchos sentidos.

El primer acercamiento a las Altas Capacidades

A los 5 años, cansada de sus continuas quejas de dolores inexistentes y su creciente desinterés por el mundo, decidí llevarla de nuevo al pediatra. Fue entonces cuando el médico me dijo: «Yo me plantearía que es más lista de lo normal». En ese momento, me molesté y decidí ignorarlo, pero los problemas continuaron.

Mi hija comenzó a sufrir insomnio, apatía, y agresividad, especialmente después de hablar con su padre. Fue un periodo difícil, y sus reacciones emocionales se intensificaban. A los 6 o 7 años, en plena pandemia, mi hija me confesó llorando una noche:

«Mami, no tengo amigos y por mucho que lo intento, no encajo». Este fue el grito de auxilio que finalmente escuché.

El diagnóstico de Altas Capacidades y bullying escolar

A raíz de esa conversación, volvimos a la psicóloga y comenzamos el proceso de evaluación para AACC. Fue entonces cuando descubrimos que mi hija estaba siendo víctima de bullying y maltrato en el colegio. Los insultos racistas eran constantes, con apodos como «mierda» o «emoji de caca», y sus compañeros rompían sus cosas y mordían su ropa mientras la llevaba puesta.

Empecé a entender por qué no quería volver al colegio y por qué no dormía. La evaluación concluyó que mi hija tenía un CI de 127, pero también un trastorno de asincronía psicomotriz. Su creatividad y razonamiento eran altos, pero su funcionamiento era lento, lo que generaba frustración y un sentimiento de inseguridad.

Luchando contra el sistema educativo

Después del diagnóstico, intenté hablar con el colegio, pero me ignoraron en varias ocasiones. Decidí entonces llevar a mi hija de vacaciones a mi país de origen, Latinoamérica, buscando darle un respiro. Aunque solo disfrutó de tres días de los 20 que estuvimos, noté cosas en ella que antes no había visto. Estaba interesada en largas conversaciones con su abuelo y disfrutaba de las actividades artísticas con su tío, aunque se aislaba de otros niños.

La severa depresión y el descubrimiento de un CI más alto

Cuando volvimos a España, las cosas empeoraron. Mi hija comenzó a tener dolores constantes que los médicos no podían explicar. Finalmente, una doctora nos dijo que su dolor era emocional y me sugirió buscar ayuda psicológica.

Una noche, mi hija me confesó entre lágrimas que intentaba provocarse un coma tomando mis pastillas o comiendo alimentos caducados. Esto fue un nuevo grito de auxilio.

Busqué ayuda y finalmente, el colegio respondió. Le diagnosticaron una depresión severa y un CI de 138, además de un posible autismo por trauma. Desde entonces, ha estado en terapia semanalmente y continúa en tratamiento.

Reflexiones y el descubrimiento de mis propias Altas Capacidades

A medida que profundizaba en las AACC de mi hija, empecé a reflejarme en su experiencia. Recordé momentos de mi propia vida que había bloqueado y decidí buscar ayuda profesional para mí. El resultado fue que me diagnosticaron AACC y TDAH, algo que ya había sospechado, pero que nunca había enfrentado.

Hoy, sigo trabajando para entender mejor a mi hija y a mí misma. Estoy en proceso de escribir un libro, y aunque no ha sido un camino fácil, hemos avanzado mucho. La historia de nuestras vidas es un recordatorio constante de que la resiliencia y el apoyo emocional son claves para sobrellevar las dificultades y que, a pesar de los obstáculos, siempre es posible encontrar un camino hacia adelante.

Estoy encantado de recibir temas (melones) o comentarios para publicarlos. Cuéntame tu experiencia o abre temas interesantes.


Comentarios

Una respuesta a «La Historia de Ysapy y su hija: Altas Capacidades, Desafíos y Resiliencia»

  1. Gracias por compartir con nosotros Ysapy, has sido muy valiente.
    Te mando desde aquí todo mi cariño. Espero que tu testimonio abra los ojos de muchas otra personas en cuanto a los retos de las AACC.

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