En este video tan especial, abro un melón muy personal: os leo en primicia un capítulo del libro que estoy escribiendo sobre mi propia historia con la superdotación.
Antes de saber que tenía altas capacidades (un diagnóstico que llegó tras detectárselo a mi hijo), viví gran parte de mi vida con una autoestima bajísima. Me consideraba alguien «normalito», vago y con tendencia a dejar las cosas a medias. Pasé por una carrera que no me motivaba, una enfermedad autoinmune (colitis ulcerosa) y meses durmiendo en el sofá de unos amigos mientras encadenaba trabajos precarios. Sin embargo, a base de levantarme una y otra vez, terminé cofundando una empresa de éxito con más de 100 empleados.
Cuando descubrí que era superdotado, sufrí el peor «síndrome del impostor» imaginable, sintiendo que mis logros eran solo fruto de la genética y la suerte. Hoy comparto esta reflexión para demostrar la importancia de cómo nos hablamos a nosotros mismos y para inspirar a cualquiera que se sienta perdido. Como decía mi abuela: «La vida es como uno se la toma».
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