En un mundo donde la diversidad cognitiva es la norma, surgen preguntas sobre la utilidad de clasificaciones como «neurotípico» y «neurodivergente». ¿Deberíamos considerar a todas las personas dentro de un espectro continuo, con una tendencia hacia la media? Este artículo explora cómo estas etiquetas han surgido, si siguen siendo necesarias y si es posible adoptar una visión más inclusiva que reconozca las diferencias individuales sin limitarse a clasificaciones rígidas.
Nota: este es un artículo basado en reflexiones realizadas tras escuchar a Bea Sánchez, divulgadora con AACC y autista, quien considero un referente en este mundo de la neurodivergencia.
Empecemos por el principio:
Diferencia entre una persona neurotípica o neurodivergente:
¿Qué es una persona Neurotípica?
Se considera neurotípico a una persona cuyo funcionamiento neurológico y cognitivo se encuentra dentro del rango considerado «típico» o «promedio» en la sociedad. Este término se utiliza principalmente para distinguir a quienes no presentan condiciones como el Trastorno del Espectro Autista (TEA), el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), la dislexia u otras formas de neurodivergencia como Altas Capacidades.
Los neurotípicos tienden a procesar información, emociones y estímulos de una manera alineada con las expectativas sociales predominantes. Esto no significa que no enfrenten desafíos, pero su desarrollo y funcionamiento cognitivo no se desvían significativamente de la media, lo que facilita su adaptación a las estructuras educativas, laborales y sociales establecidas.
¿Qué es un Neurodivergente?
El término neurodivergente se refiere a una persona cuyo cerebro funciona de manera diferente a lo considerado «típico». Incluye a quienes presentan condiciones como el TEA, TDAH, dislexia, AACC, dispraxia, síndrome de Tourette y otras formas de diversidad neurológica.
La neurodivergencia no se define como un defecto ni una enfermedad, sino como una variación natural de cómo las personas perciben, procesan y responden al mundo. Estas diferencias pueden manifestarse en áreas como la percepción sensorial, la memoria, la atención, el aprendizaje, la comunicación o la regulación emocional.
El concepto de neurodivergencia surge como parte del movimiento de la neurodiversidad, que defiende que estas variaciones son valiosas y deben ser reconocidas como parte de la diversidad humana.
¿Por qué diferenciamos entre neurotípicos y neurodivergentes?
- Necesidad de visibilidad y adaptación: La categoría «neurodivergente» se creó para dar visibilidad a quienes se desvían significativamente de las normas neurológicas promedio, con el objetivo de entender mejor sus experiencias y necesidades.
- Acceso a recursos y apoyos: Diferenciar permite identificar a quienes pueden necesitar adaptaciones específicas en educación, trabajo o relaciones sociales.
- Evitar la patologización: Agrupar bajo «neurodivergencia» permite alejarse de la visión clínica o de «trastorno» y abrazar la diversidad como algo natural.
¿Todos somos, en cierto modo, neurodivergentes?
- La neurodiversidad como espectro: Todos tenemos diferencias en cómo procesamos el mundo, pero la intensidad y el impacto de esas diferencias determinan si se perciben como neurodivergencia.
- Ejemplo: Todos tenemos niveles distintos de atención y memoria, pero no todos experimentan esas diferencias como un TDAH.
- La tendencia a la media: El cerebro humano opera en un rango continuo de posibilidades. La mayoría de las personas se sitúan cerca de una «media», pero hay quien se sitúa en los extremos del espectro.
- Evolución del concepto: Es posible que en el futuro dejemos de usar categorías como «neurotípico» y «neurodivergente» si adoptamos una visión plenamente inclusiva, en la que la diversidad no sea una excepción, sino la norma.
Pros y contras de eliminar esta diferenciación
Ventajas:
- Mayor integración: Reconocer que todos estamos en un espectro elimina la idea de «normalidad» frente a «desviación».
- Menos estigmas: Si la diversidad se ve como algo universal, se reducen los prejuicios hacia quienes hoy se etiquetan como neurodivergentes.
- Fomenta la individualidad: Cada persona se analiza por sus particularidades, no por etiquetas globales.
Desventajas:
- Pérdida de visibilidad: Si no se reconoce la neurodivergencia como algo específico, quienes tienen necesidades concretas podrían quedar invisibilizados.
- Confusión en políticas públicas: Las adaptaciones educativas o laborales podrían diluirse si no hay categorías claras.
- Simplificación excesiva (Importante): Reconocer la diversidad como un continuo no siempre captura la realidad de las experiencias extremas que afectan significativamente la vida de algunas personas.
¿Qué podemos hacer?
- Hablar de espectros: Cambiar el lenguaje para reflejar que no hay una «normalidad» estricta, sino un rango continuo de diferencias.
- Adoptar una visión inclusiva: Diseñar entornos y sistemas que no requieran clasificaciones rígidas para ser accesibles.
- Fomentar el entendimiento individual: En lugar de centrarnos en etiquetas, trabajar para entender y apoyar las necesidades únicas de cada persona.
La idea de que todos somos neurodivergentes en cierto grado podría ser más inclusiva, pero también necesita un equilibrio para no invisibilizar experiencias específicas.
Entonces: un pensamiento…
En realidad, si asumimos por un momento que todos somos neurodivergentes, habría igualmente una tendencia a la media. Hacia la «normalidad». En la medida que se habiten espectros estaremos, en mayor o menor medida, más desviados de la media en una campana de Gauss. En definitiva, ¿no estaríamos reconociendo que a partir de cierta desviación se considera que una persona sale de la «normalidad» y podría etiquetarse como «tendiente» a una neurodivergencia como TDAH, o Autismo?
Habría que etiquetar igualmente.
Por otro lado, la idea de que si todos somos neurodivergentes, pero habitamos en mayor o menor medida un espectro, parece implicar que no existe un funcionamiento cerebral cualitativamente diferente, sino que en mayor o menor medida todos pensamos igual, pero con «tendencia a…» y que es una cuestión cuantitativa.
¿Pero realmente se vive así? ¿Es un autista simplemente más dado que un «neurotípico» a tener intereses obsesivos, unas rutinas más estrictas o a irritarse por cambios mínimos? ¿Qué me dices de mirar a los ojos fijamente o ser demasiado literales? ¿Y sobre la necesidad de aprender normas sociales que a los demás nos salen de forma natural?
Es una cuestión de cantidad o ¿es que se produce un salto «cualitativo» en algún momento? Y si lo hace, ¿en qué momento?
Esto toca un punto clave: ver las diferencias como parte de un continuo versus la necesidad práctica de establecer umbrales para identificar condiciones específicas.
La Campana de Gauss y la Neurodivergencia
Si consideramos que todos somos neurodivergentes en cierto grado, efectivamente habría una tendencia a la media. Los extremos del espectro —donde las diferencias son más notorias y significativas— serían los que tradicionalmente etiquetamos como TDAH, TEA u otras condiciones. Esto se alinea con el uso práctico de etiquetas:
- Umbrales cuantitativos: Se definen basados en la desviación estándar (por ejemplo, dos desviaciones por encima o por debajo de la media en algún aspecto del funcionamiento cognitivo o conductual).
- Necesidad de intervención: No basta con estar en un extremo; las etiquetas surgen cuando esas diferencias impactan la calidad de vida o el desempeño en la sociedad.
En este sentido, aunque adoptáramos la idea de un espectro continuo, seguiríamos necesitando etiquetas para determinar cuándo intervenir o adaptar el entorno.
¿Funcionamos todos igual pero con diferencias de intensidad?
Este enfoque sugiere que nuestras diferencias no son cualitativas sino cuantitativas. Es decir:
- Misma estructura básica: Todos los cerebros humanos funcionan dentro de los mismos principios generales (procesar información, regular emociones, tomar decisiones).
- Variación en intensidad: Las diferencias se expresan como un rango de capacidades, intereses o sensibilidades, que están más o menos acentuadas según la persona.
Por ejemplo:
- Una persona con TEA podría tener una hiperfocalización más acentuada que la mayoría, pero la capacidad de concentrarse en algo específico no es exclusiva del TEA.
- Una persona con TDAH podría tener dificultades de regulación de la atención, pero todos experimentamos distracción en mayor o menor medida.
Esto lleva a dos ideas interesantes:
- Más similitudes que diferencias: En esencia, todos compartimos un funcionamiento similar, pero los extremos del espectro hacen que algunas personas se salgan más visiblemente de la norma.
- Las etiquetas son herramientas pragmáticas: No reflejan una diferencia ontológica, sino una manera práctica de describir patrones que, si no se reconocen, pueden generar sufrimiento o dificultades.
Pero… ¿Qué pasa con las diferencias cualitativas?
Aquí es donde el debate se vuelve complejo. Hay quienes argumentan que ciertos funcionamientos son cualitativamente diferentes. Por ejemplo:
- Procesamiento sensorial: Algunas personas con TEA experimentan el mundo sensorial de formas que no son simplemente «más intensas», sino radicalmente distintas.
- Pensamiento divergente: En AACC, las conexiones entre ideas o percepciones pueden ser no lineales o poco comunes para la media.
Esto sugiere que, aunque muchos rasgos puedan existir en todos nosotros, las combinaciones específicas en los extremos podrían generar experiencias que sí son cualitativamente diferentes.
Es importante poner un ejemplo para que se entienda:
Imagina un vaso de agua. A medida que se baja la temperatura de forma gradual (un cambio cuantitativo), el agua se enfría. Sin embargo, al llegar a 0°C, este cambio acumulativo provoca una transformación significativa: el agua pasa de ser un líquido a ser un sólido (hielo). Este cambio no es solo una diferencia en temperatura; es una transición cualitativa en la naturaleza misma de la sustancia, que ahora tiene propiedades completamente diferentes, como la rigidez o la incapacidad de fluir.
Esto es lo que pienso que sucede en un cerebro Neurodivergente.
Un cambio cuantitativo puede provocar un cambio cualitativo.
¿No pasa de hecho esto mismo con las AACC?
Son numerosos los estudios que indican que la forma en que un cerebro de Alta Capacidad funciona cualitativamente diferente a un cerebro neurotípico ¿pero por qué?
Podríamos concluir que, si bien todos habitamos los espectros, parece que ciertos extremos del espectro marcan una diferencia cualitativa en la las conexiones del cerebro que lo hace diferente al de los neurotípicos creando una configuración única.
Conclusión: Reconocer espectros, pero sin perder la utilidad de las etiquetas
La propuesta de que todos estamos en un espectro continuo es valiosa para reducir el estigma y ampliar nuestra comprensión de la diversidad. Sin embargo:
- Las etiquetas seguirían siendo necesarias para identificar cuándo las diferencias requieren apoyo o adaptaciones específicas.
- El equilibrio está en no absolutizar las etiquetas ni considerarlas como verdades rígidas, sino como herramientas flexibles y adaptables.
- ¿Es posible que un desvío cuantitativo provoque, de hecho, un cambio cualitativo y en realidad sí podamos diferenciar configuraciones diferentes a las neurotípicas y a la vez similares entre grupos? Parece que sí es posible. Y de hecho sucede. Cerebros que se configuran diferente.
Todos habitamos los espectros, pero un desvío significativo provoca un salto cualitativo. Ya no es agua, será hielo, o quizá gas, pero no agua.
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